Ayer era el cumpleaños de Thommy, mi amigo deutsche que decidió quedarse en Argentina. Quedamos en ir con Chérie y casi que le presentamos un amiga de ella pero se complicaba.
Decidí hacer tiempo hasta encontrarme con Chérie así que fui a caminar por Santa Fe con la intención de tomarme un café y leer Sartre. Me acordé que tenía los cupones de Freddo y me fijé si quedaba el de café. Mno, se lo regalé a Chérie. Pero había un vasito chico de regalo. Así que fui hasta Freddo y me encargué un frambuesa+mousse de maracujá (ese gusto es candidato de 1/2 kilo para reserva mezclable con champagne). Estoy tomando mi helado y en eso cae Juan, el pibe de la calle al que cada vez que lo veía le regalaba una herramienta para que pueda ser electricista, si es que realmente quiere ser electricista cuando termine de estudiar (tiene 16, o eso dice). Charlo muy poco, no estoy de humor para conectarme con mi costado sensible/culpógeno. SMS de Chérie, tiene para rato. En eso me concentro en 2 clientes en la cola para comprar helado, que luego se sientan al lado mío. Los escucho hablar pero la música está al taco y no estoy seguro. Al rato, confirmado.
"Me eifo atem?".
Israelíes. Para qué. 20 minutos poniendo a prueba ese hebreo que no se oxida más.
Al rato viene Chérie, que cada vez le cuesta más entender cómo pasé de ser un amargote a un casual talker de extranjeros (ok, tengo cierta tilinguez adentro y a veces no puedo con mi genio).
Nos vamos a La Cigale, saludamos a Thommy y de vuelta a casa.
La noche parecía querer compensar lo poco que dormimos la anterior. No hubo caso: los gatos no sólo abren todas las puertas, sino que además aprendieron a pasar de la ventana de la cocina a la cornisa, de la cornisa al balcón, del balcón al living y a las 3 AM a correr haciendo ruido con las uñas en el piso de madera.
Primera Ley del scouting felino: si no hay comida, no nos morimos de hambre, vamos a buscarla adonde sea.
Decidí hacer tiempo hasta encontrarme con Chérie así que fui a caminar por Santa Fe con la intención de tomarme un café y leer Sartre. Me acordé que tenía los cupones de Freddo y me fijé si quedaba el de café. Mno, se lo regalé a Chérie. Pero había un vasito chico de regalo. Así que fui hasta Freddo y me encargué un frambuesa+mousse de maracujá (ese gusto es candidato de 1/2 kilo para reserva mezclable con champagne). Estoy tomando mi helado y en eso cae Juan, el pibe de la calle al que cada vez que lo veía le regalaba una herramienta para que pueda ser electricista, si es que realmente quiere ser electricista cuando termine de estudiar (tiene 16, o eso dice). Charlo muy poco, no estoy de humor para conectarme con mi costado sensible/culpógeno. SMS de Chérie, tiene para rato. En eso me concentro en 2 clientes en la cola para comprar helado, que luego se sientan al lado mío. Los escucho hablar pero la música está al taco y no estoy seguro. Al rato, confirmado.
"Me eifo atem?".
Israelíes. Para qué. 20 minutos poniendo a prueba ese hebreo que no se oxida más.
Al rato viene Chérie, que cada vez le cuesta más entender cómo pasé de ser un amargote a un casual talker de extranjeros (ok, tengo cierta tilinguez adentro y a veces no puedo con mi genio).
Nos vamos a La Cigale, saludamos a Thommy y de vuelta a casa.
La noche parecía querer compensar lo poco que dormimos la anterior. No hubo caso: los gatos no sólo abren todas las puertas, sino que además aprendieron a pasar de la ventana de la cocina a la cornisa, de la cornisa al balcón, del balcón al living y a las 3 AM a correr haciendo ruido con las uñas en el piso de madera.
Primera Ley del scouting felino: si no hay comida, no nos morimos de hambre, vamos a buscarla adonde sea.
Labels: extranjeros, gatos, israelíes

