Hasta que llegue el telegrama

Este blog funcionará hasta que llegue el telegrama de renuncia o despido...

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Tuesday, January 16, 2007

Ayer era el cumpleaños de Thommy, mi amigo deutsche que decidió quedarse en Argentina. Quedamos en ir con Chérie y casi que le presentamos un amiga de ella pero se complicaba.
Decidí hacer tiempo hasta encontrarme con Chérie así que fui a caminar por Santa Fe con la intención de tomarme un café y leer Sartre. Me acordé que tenía los cupones de Freddo y me fijé si quedaba el de café. Mno, se lo regalé a Chérie. Pero había un vasito chico de regalo. Así que fui hasta Freddo y me encargué un frambuesa+mousse de maracujá (ese gusto es candidato de 1/2 kilo para reserva mezclable con champagne). Estoy tomando mi helado y en eso cae Juan, el pibe de la calle al que cada vez que lo veía le regalaba una herramienta para que pueda ser electricista, si es que realmente quiere ser electricista cuando termine de estudiar (tiene 16, o eso dice). Charlo muy poco, no estoy de humor para conectarme con mi costado sensible/culpógeno. SMS de Chérie, tiene para rato. En eso me concentro en 2 clientes en la cola para comprar helado, que luego se sientan al lado mío. Los escucho hablar pero la música está al taco y no estoy seguro. Al rato, confirmado.
"Me eifo atem?".
Israelíes. Para qué. 20 minutos poniendo a prueba ese hebreo que no se oxida más.
Al rato viene Chérie, que cada vez le cuesta más entender cómo pasé de ser un amargote a un casual talker de extranjeros (ok, tengo cierta tilinguez adentro y a veces no puedo con mi genio).
Nos vamos a La Cigale, saludamos a Thommy y de vuelta a casa.
La noche parecía querer compensar lo poco que dormimos la anterior. No hubo caso: los gatos no sólo abren todas las puertas, sino que además aprendieron a pasar de la ventana de la cocina a la cornisa, de la cornisa al balcón, del balcón al living y a las 3 AM a correr haciendo ruido con las uñas en el piso de madera.
Primera Ley del scouting felino: si no hay comida, no nos morimos de hambre, vamos a buscarla adonde sea.

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Thursday, January 11, 2007

Una de las condiciones fundamentales para poder convivir fue incorporar una puerta de hierro (literalmente) que divida el sector living+cocina de la parte dormitorio+estudio+baños. El fundamento: evitar que los gatos accedan a las partes sensibles de la casa donde dejen pelos, algo que a Chérie la pone loca.
Como los gatos tienen afición por el cuero sintético y el sillón es una clara invitación a afilarse las uñas, mientras no estemos o durante la noche, los gatos se encierran en la cocina, que es bastante más amplia de la que tenían antes. La cocina da a un balcón al que a su vez se accede desde el living. Balcón que tiene una caída de 16 pisos, que evito que los gatos visiten solitos.
La primera noche me percaté de que los muy hijos de puta habían aprendido a abrir la puerta de la cocina que da al living. Yo sabía que los siameses podían desarrollar este talento, pero en 4 años jamás había visto algo así de parte de Timo (de quién sospecho principalmente).
Así que la puerta que da a la cocina se cierra con llave.
Hoy a la mañana, cuando me asomo por encima de la puerta de hierro, no me llamó la atención su presencia. Imaginé que Chérie se había encargado de abrirles la puerta para que boludeen un rato por el living antes de volver a encerrarlos para ir a laburar.

- no les cerraste la puerta con llave y salieron
- boluda, cerré con llave. no les abriste vos?
- no, te olvidaste de cerrar con llave la cocina
- te digo que no, pero puede ser

Al verificar el estado de la puerta, efectivamente estaba con llave. Los velociraptors felinos habían abierto la puerta que daba al balcón y entrado al living por la ventana abierta. Lo raro es que la puerta de la cocina al balcón estaba cerrada, pero el misterio no podía resolverse de otra forma. Los zarpados estuvieron en el balcón de la muerte solitos (demostrando que podían hacerlo sin problema ni tutela) y se mandaron al living. Lo sorprendente fue que pudiendo abrir la puerta de hierro vaivén y llegar hasta el dormitorio para dormir con nosotros (lo cual habría desencadenado la expulsión del hogar) se quedaron piolas, en el living. Sin romper nada.
People change. So do cats.

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